lunes, 30 de octubre de 2017

Mi recorrido con los libros

  Mi historia con los libros empezó desde muy chica. Me gustaba que por las noches me leyeran antes de ir a dormir. Tenía una biblioteca con muchos cuentos, los típicos de Disney, entre otros, sin embargo el que siempre elegía era “Cuando un elefante camina”. No sabía leer, pero me lo acodaba de memoria, me encantaban sus ilustraciones. Así fue cómo comencé a dar los primeros pasos en lectura.
  Luego en el jardín, sala de cinco, recuerdo que una vez por semana nos podíamos llevar a casa uno, cada semana llevaba la colección de “Miss Traviesa”. (Hargreaves, 1971)
  Cuando empecé a leer sola, elegía mis propios libros en particular la colección de Natacha. Estaba tan fascinada con ellos que apenas me los compraban los leía en poco tiempo.
  Tiempo después en 5to grado nos hicieron leer “Raros peinados” uno de los libros que todavía tengo en mi biblioteca. La seño de biblioteca nos dejaba una vez a la semana llevarnos algún libro para leer en casa. Estuve haciendo memoria y realmente leí muchos libros durante la primaria, los cuales no recuerdo a todos.

  Durante la secundaria, solía leer cuentos que la profe pedía. En particular El diario de Ana Frank súper interesante, su lectura te llega, el sufrimiento de la experiencia dolorosa. Este libro me pareció muy especial, ya que Ana te cuenta todo lo que le sucede y siente, en aquella mala y cruel situación. Leerlo para mí fue una experiencia muy importante. Es muy triste el final y más saber que realmente pasó de verdad, considero que es uno de los libros que nunca voy a olvidar.
  Más adelante con mi prima empezamos a recomendarnos libros e intercambiarlos. Los libros de John Green son mis favoritos, para mí Ciudades de papel o Bajo la misma estrella tienen una trama excelente y los personajes son atrapantes. En mi opinión libros cargado de emociones, que transmiten muchos sentimientos y te hacen ver la realidad de otra manera. Son interesante desde su comienzo; además tienen algunas frases preciosas y profundas tal como “Siempre me pareció ridículo que la gente quiera estar con alguien solo porque es lindo. Es como elegir los cereales del desayuno por el color, no por el sabor." (Green, 2012:)
  Me gusta leer libros antes de que salgan sus películas. Creo fielmente que es mejor primero leer el libro, por ejemplo las películas de Harry Potter son buenísimas y el libro es excelente pero son dos cosas totalmente diferentes. Aunque, no me gusta compararlos, cada uno tiene lo suyo.

  Estos libros no fueron los únicos que leí, sino que fueron los que marcaron mi infancia y mi adolescencia hasta ahora. Actualmente leo libros cuando tengo un tiempito libre, siempre que puedo llevo uno en mi mochila. Durante las vacaciones, el tiempo en el cual leo más. En Salta por las tarde cuando me aburro voy al canal que esta ubicados a dos cuadras de los de mi abuela, el cual tiene un vista hermosa a las montañas, es increíble, me siento y empiezo a leer. Para mí ese lugar es mágico puedo estar ahí horas y más si es un libro con su trama muy interesante. Me gusta leer mucho, me falta un gran número y un inmenso recorrido en el mundo de las letras.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Si de leer se trata...


Poco recuerdo de mi infancia y de la lectura en esa etapa de mi vida. Mi primer acercamiento a los libros fue antes de empezar mi escolarización. Previo a alfabetizarme, leer para mí consistía en una vaga descripción de las imágenes que observaba en las hojas. En mi casa, no era habitual la lectura, y por lo tanto, pocos ejemplares podíamos encontrar. No como aquel “que es rico en recursos”, menciona Homero en La Odisea, en cuyo hogar probablemente eran más abundantes. Perdidos entre mis juguetes recuerdo sólo dos cuentos, Los tres chanchitos y Caperucita Roja. Cuando mamá llegaba de la extensa y exhausta jornada laboral pedía que los lea. “¡Soplaré, soplaré y tu casa derribaré!” y “¡Son para comerte mejor!”, resuenan en mi mente con la voz del lobo feroz que mamá inventaba.
Luego, aquellas pocas hojas adornadas, con muchos colores brillantes y grandes ilustraciones dejaron de ser característicos en mis libros. Al comenzar la escuela primaria, el primer libro que recuerdo es el manual de clases. Era muy grande, con muchas letras y números. Sin embargo, lo más importante de ese libro era su finalidad: lo utilizábamos para hacer TAREA. Su contenido debía servir para algo, aprender a leer, para encontrar los verbos o para detallar la extraordinaria vida de algún prócer. A pesar de lo emocionante que significó para mí poder descifrar las expresiones de letras combinadas, la lectura se convirtió en una práctica aburrida.
Uno de los libros que más recuerdo, de la escuela primaria, es Cuentos de la Selva, de Horacio Quiroga. Lo que más me gustaba era la ilustración en la etapa, en especial aquel pájaro azul radiante. Recuerdo que leímos todos los cuentos de ese libro durante las clases. Me sorprendía cuando al finalizar su lectura, surgía un sin fin de interpretaciones entre mis compañeros.
Luego empecé la escolaridad media y, en primer año, la profesora de Historia nos hizo leer un libro. Nos propuso La Odisea, de Homero, para analizar durante ese año escolar. Si bien la historia del protagonista era interesante, al concluir la lectura del libro, la docente nos evaluó utilizando el tradicional cuestionario. Por lo cual, el entusiasmo que nos provocó el cuento se redujo a una sencilla actividad, cuyo fin era detectar personajes principales, tiempos y espacios.
Después me sumergí en el mundo de las redes sociales y los maquillajes, y ya no destinaba ningún tiempo a la lectura, ni dentro ni fuera de la escuela. Excepto a la lectura por obligación de alguna u otra hoja para alguna prueba, hasta poder repetirla de memoria.
Empezando tercer año, volví a una biblioteca para comprar un libro. La profesora de Literatura nos pidió leer Metamorfosis, de Franz Kafka. Si nos referimos a las lecturas escolares, fue una de las que más me gustó. El enigma sobre qué le pasaba al personaje principal me atrapo tanto que, si bien solo era requisito leer algunos capítulos, terminé de leer todo el libro.
Al finalizar la escuela media, no lograba comprender ni vivenciar aquel placer de lectura, del que tanto escuchaba hablar. Mis amigas más cercanas disfrutaban de algunos libros. En lo que a mí respecta, no conseguía compartir lo mismo. Leer, en mi opinión, era una práctica aburrida y sin sentido. No le dedicaba ningún tiempo, y si lo hacía solo era por obligación.
Comenzando mi carrera terciaria, me aterraba ver la cantidad de hojas y textos que debía leer. No me entusiasmaba la idea de saber que debía enfocarme en eso. Sin embargo, para mi sorpresa, en mis primeros acercamientos a los apuntes la situación se revirtió. Gran parte de los textos que las profesoras seleccionaban lograban atraparme. A pesar de que estos materiales también son útiles, como los de toda mi escolaridad, captan mi interés y disfruto su lectura. Me permiten imaginarme con el guardapolvo blanco y analizar qué haría ante cada situación. También viajar al aula, donde en la puerta figure el cartel “seño Paula”, decorado por mí.
La elección de mi carrera no sólo me permite disfrutar de la lectura de textos académicos, también experimento actualmente la difícil y emocionante decisión de seleccionar libros para niños. “Es preciso buscar con el corazón” diría El Principito (Saint-Exupéry, 2015, p.82). El trabajo con los libros infantiles nos permite viajar, junto con los alumnos, a diferentes mundos, como también involucrarnos en las vidas e historias de diferentes personajes. Personalmente adoro verlos disfrutar y elegir sus libros favoritos. Compartir sus sentimientos e ideas al escuchar cada relato.
Si de leer se trata, hace no mucho, experimente las posibilidades que la lectura brinda tanto a niños como a adultos. Los viajes sorprendentes que emprende. Involucrarse, conocer, informarse, viajar, asombrarse, razonar. A veces lecturas tan personales, otras muy compartidas. Disfrutar leyendo. Leer para disfrutar.

viernes, 20 de octubre de 2017

Mi Autobiografía Lectora

      Muchas veces me pregunté, si era posible escaparse de la realidad que me rodeaba  y es que por aquel entonces no quería vivirla, lo único que buscaba era la bendita salida del laberinto en el cual me hallaba, hasta que llego triunfante el día en que mis manos descubrieron por primera vez la magia de los libros ¡Cómo no recordarlo! Si hasta parece que fue ayer.

    En ese momento mis ojos no comprendían que frente a ellos estaba el salvataje ansiadamente esperado. Y todo comenzó en la secu, en mi 5to 1ra del Almafuerte ubicado no muy lejos, en Alejandro Korn ¡Que linda época! Es que no puedo evitar sentir nostalgia, ahí fue cuando mi Profe Viegas, Q.E.P.D, nos trajo para leer un cuento de Cortázar La noche boca arriba, y ahí en ese preciso instante en que terminé de leerlo me enamoré completamente de él. Mi amor incondicional hizo que lo descubriera cada día más y más y de esta forma fue que adquirí mi primer libro El lector de Julio Cortázar (Cortázar apud.Cousté, etc. 2001) que recorría su vida, sus obras, su todo y me quedo, para resumir, con esta frase que figura en la contratapa y que dice “…quiero, simplemente, ser de verdad: aunque ello me lleve a descubrir que no soy nada”. Luego de este libro vino Rayuela, Octaedro, Historias de cronopios y de famas, Final del juego, Un tal Lucas, entre otros; les puedo garantizar que desde entonces veo lo fantástico por donde ande, por donde mire; y es completamente maravilloso cómo al introducirse en ese viaje literario te aleja totalmente de la realidad a tal punto que te renueva, a tal punto que es como un volver a empezar.

     Mi viaje comenzó y ya no me sentía un axolotl. Continué leyendo diferentes autores de diversos géneros ¡Pero tengo que decirlo! Jamás leí géneros como el policial o el de terror, por ejemplo. Por el contrario tengo que admitir que mi predilección fueron los fantásticos y también ¿Por qué no decirlo? El romántico. Cuando me encontré con Jane Austen recuerdo que mi corazón de alguna manera estalló; con Orgullo y prejuicio ¿Cómo no identificarme con Elizabeth Bennet? Después pasé por Persuasión, La Abadía de Northager;  para irme luego con Emily Brontê por las Cumbres borrascosas. Dicho de otra manera, en un abrir y cerrar de ojos pasaba de una época a otra, de un mundo al otro. No puedo olvidarme, definitivamente no puedo olvidarme, de los clásicos como El Principito que con una de sus frases logró incorporarse en mí, a estar tan latente hasta el día de hoy, y seguramente para siempre, “lo esencial es invisible a los ojos” (Saint-Exupery, 1974:72) pues, ¡Claro! Cuánta razón tienes Saint-Exupèry.

      Casualmente, ahora, caen como rayos en mi mente tantos libros como por ejemplo, solo para nombrar algunos, Mujercitas de Louisa May Alcott, Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, Como agua para chocolate de Laura Esquivel, La zapatera prodigiosa de Federico García Lorca…recuerdo, sí lo recuerdo bien, que alguna vez me sentí Gaviota y que también me sentí Cyrano, es que los libros nos permiten, de alguna manera, mimetizarnos con los personajes, ser como los protagonistas de sus historias, nos permiten morir… pero también volver a nacer con cada vuelta de página y es algo maravilloso, es literalmente mágico, es simplemente hermoso.

       En conclusión, anímense a sumergirse en el inmenso mar de las palabras, no se van a arrepentir, para los que ya nadaron, vuelvan; para los que están nadando, sigan; para los que no saben si zambullirse o no, arriésguense y después me cuentan.

jueves, 19 de octubre de 2017

"Los libros son espejos: solo ves en ellos lo que tienes en tu interior"
(Ruiz Zafón, 2001: 232)




Te invito a compartir tu historia, tus lecturas. Contanos tu historia lectora de manera anónima, con un seudónimo. De este modo, seremos máscaras nada más, como en carnaval. Y de ese modo, contarás algo de tu interior.


Es importante que también leas las historias de otros/as estudiantes. Comentá la biografía de un compañero, con tu seudónimo. 

(No olvide segmentar en párrafos, poner título y cumplir con las demás pautas de presentación.)

¡Éxitos en la tarea!

Red Scharlach


Referencia:
Ruiz Zafón, C. (2001) La sombra del viento. Planeta: Barcelona.

"Mi vida literaria"

“Mi vida Literaria” Todo comenzó cuando fui al hospital, resulta que la doctora tardaba mucho en atender a sus pequeños pacientes. Esper...