viernes, 20 de octubre de 2017

Mi Autobiografía Lectora

      Muchas veces me pregunté, si era posible escaparse de la realidad que me rodeaba  y es que por aquel entonces no quería vivirla, lo único que buscaba era la bendita salida del laberinto en el cual me hallaba, hasta que llego triunfante el día en que mis manos descubrieron por primera vez la magia de los libros ¡Cómo no recordarlo! Si hasta parece que fue ayer.

    En ese momento mis ojos no comprendían que frente a ellos estaba el salvataje ansiadamente esperado. Y todo comenzó en la secu, en mi 5to 1ra del Almafuerte ubicado no muy lejos, en Alejandro Korn ¡Que linda época! Es que no puedo evitar sentir nostalgia, ahí fue cuando mi Profe Viegas, Q.E.P.D, nos trajo para leer un cuento de Cortázar La noche boca arriba, y ahí en ese preciso instante en que terminé de leerlo me enamoré completamente de él. Mi amor incondicional hizo que lo descubriera cada día más y más y de esta forma fue que adquirí mi primer libro El lector de Julio Cortázar (Cortázar apud.Cousté, etc. 2001) que recorría su vida, sus obras, su todo y me quedo, para resumir, con esta frase que figura en la contratapa y que dice “…quiero, simplemente, ser de verdad: aunque ello me lleve a descubrir que no soy nada”. Luego de este libro vino Rayuela, Octaedro, Historias de cronopios y de famas, Final del juego, Un tal Lucas, entre otros; les puedo garantizar que desde entonces veo lo fantástico por donde ande, por donde mire; y es completamente maravilloso cómo al introducirse en ese viaje literario te aleja totalmente de la realidad a tal punto que te renueva, a tal punto que es como un volver a empezar.

     Mi viaje comenzó y ya no me sentía un axolotl. Continué leyendo diferentes autores de diversos géneros ¡Pero tengo que decirlo! Jamás leí géneros como el policial o el de terror, por ejemplo. Por el contrario tengo que admitir que mi predilección fueron los fantásticos y también ¿Por qué no decirlo? El romántico. Cuando me encontré con Jane Austen recuerdo que mi corazón de alguna manera estalló; con Orgullo y prejuicio ¿Cómo no identificarme con Elizabeth Bennet? Después pasé por Persuasión, La Abadía de Northager;  para irme luego con Emily Brontê por las Cumbres borrascosas. Dicho de otra manera, en un abrir y cerrar de ojos pasaba de una época a otra, de un mundo al otro. No puedo olvidarme, definitivamente no puedo olvidarme, de los clásicos como El Principito que con una de sus frases logró incorporarse en mí, a estar tan latente hasta el día de hoy, y seguramente para siempre, “lo esencial es invisible a los ojos” (Saint-Exupery, 1974:72) pues, ¡Claro! Cuánta razón tienes Saint-Exupèry.

      Casualmente, ahora, caen como rayos en mi mente tantos libros como por ejemplo, solo para nombrar algunos, Mujercitas de Louisa May Alcott, Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, Como agua para chocolate de Laura Esquivel, La zapatera prodigiosa de Federico García Lorca…recuerdo, sí lo recuerdo bien, que alguna vez me sentí Gaviota y que también me sentí Cyrano, es que los libros nos permiten, de alguna manera, mimetizarnos con los personajes, ser como los protagonistas de sus historias, nos permiten morir… pero también volver a nacer con cada vuelta de página y es algo maravilloso, es literalmente mágico, es simplemente hermoso.

       En conclusión, anímense a sumergirse en el inmenso mar de las palabras, no se van a arrepentir, para los que ya nadaron, vuelvan; para los que están nadando, sigan; para los que no saben si zambullirse o no, arriésguense y después me cuentan.

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