Muchas veces me pregunté,
si era posible escaparse de la realidad que me rodeaba y es que por aquel entonces no quería
vivirla, lo único que buscaba era la bendita salida del laberinto en el cual me
hallaba, hasta que llego triunfante el día en que mis manos descubrieron por
primera vez la magia de los libros ¡Cómo no recordarlo! Si hasta parece que fue
ayer.
En ese momento mis ojos no
comprendían que frente a ellos estaba el salvataje ansiadamente esperado. Y
todo comenzó en la secu, en mi 5to 1ra del Almafuerte ubicado no muy lejos, en
Alejandro Korn ¡Que linda época! Es que no puedo evitar sentir nostalgia, ahí
fue cuando mi Profe Viegas, Q.E.P.D, nos trajo para leer un cuento de Cortázar La noche boca arriba, y ahí en ese
preciso instante en que terminé de leerlo me enamoré completamente de él. Mi
amor incondicional hizo que lo descubriera cada día más y más y de esta forma fue
que adquirí mi primer libro El lector de
Julio Cortázar (Cortázar apud.Cousté, etc. 2001) que recorría su vida, sus
obras, su todo y me quedo, para resumir, con esta frase que figura en la
contratapa y que dice “…quiero, simplemente, ser de verdad: aunque ello me
lleve a descubrir que no soy nada”. Luego de este libro vino Rayuela, Octaedro, Historias de cronopios y
de famas, Final del juego, Un tal Lucas, entre otros; les puedo garantizar
que desde entonces veo lo fantástico por donde ande, por donde mire; y es
completamente maravilloso cómo al introducirse en ese viaje literario te aleja
totalmente de la realidad a tal punto que te renueva, a tal punto que es como un
volver a empezar.
Mi viaje comenzó y ya no me
sentía un axolotl. Continué leyendo diferentes autores de diversos géneros ¡Pero
tengo que decirlo! Jamás leí géneros como el policial o el de terror, por ejemplo.
Por el contrario tengo que admitir que mi predilección fueron los fantásticos y
también ¿Por qué no decirlo? El romántico. Cuando me encontré con Jane Austen
recuerdo que mi corazón de alguna manera estalló; con Orgullo y prejuicio ¿Cómo no identificarme con Elizabeth Bennet?
Después pasé por Persuasión, La Abadía de
Northager; para irme luego con Emily Brontê por las Cumbres borrascosas. Dicho de otra
manera, en un abrir y cerrar de ojos pasaba de una época a otra, de un mundo al
otro. No puedo olvidarme, definitivamente no puedo olvidarme, de los clásicos
como El Principito que con una de sus
frases logró incorporarse en mí, a estar tan latente hasta el día de hoy, y
seguramente para siempre, “lo esencial es invisible a los ojos” (Saint-Exupery,
1974:72) pues, ¡Claro! Cuánta razón tienes Saint-Exupèry.
Casualmente, ahora, caen
como rayos en mi mente tantos libros como por ejemplo, solo para nombrar
algunos, Mujercitas de Louisa May
Alcott, Juan Salvador Gaviota de
Richard Bach, Cyrano de Bergerac de
Edmond Rostand, Como agua para chocolate de
Laura Esquivel, La zapatera prodigiosa de
Federico García Lorca…recuerdo, sí lo recuerdo bien, que alguna vez me sentí
Gaviota y que también me sentí Cyrano, es que los libros nos permiten, de
alguna manera, mimetizarnos con los personajes, ser como los protagonistas de
sus historias, nos permiten morir… pero también volver a nacer con cada vuelta
de página y es algo maravilloso, es literalmente mágico, es simplemente
hermoso.
En conclusión, anímense a
sumergirse en el inmenso mar de las palabras, no se van a arrepentir, para los
que ya nadaron, vuelvan; para los que están nadando, sigan; para los que no
saben si zambullirse o no, arriésguense y después me cuentan.
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